Fundación Dolores Sopeña. Centro de Enseñanza secundaria y Formación profesional, Las Palmas de Gran Canaria
Nuestro Erasmus en el Reino Unido: Mind the gap

Nuestro Erasmus en el Reino Unido: Mind the gap

Si estuviéramos hechos para quedarnos en un solo lugar, tendríamos raíces en vez de pies... 

En Abril comenzaba una nueva etapa, que parecía que fue ayer cuando supimos quienes optaban a la beca de Erasmus, y aunque sólo unos cuantos lo conseguimos, nuestro deseo es que todos los futuros candidatos luchen para conseguir esta gran oportunidad que nuestro cole ofrece.

Por desgracia, esta experiencia llega a su fin, pero a pesar de ello nos quedamos con muchísimos momentos y aprendizajes como el tener que desenvolvernos  nosotros solos, afrontar el día a día lejos de casa, de la familia y amigos que nos apoyan en nuestro entorno cotidiano, confiar más en nosotros mismos y buscar soluciones para poder entender a otras personas que no hablan nuestro idioma. En definitiva, descubrir que sabíamos más de lo que creíamos y  crecer como personas y profesionales. 

La realidad es que hemos descubierto gente encantadora que a pesar de no poder comunicarnos como lo haríamos en nuestra isla, nos han ayudado como han podido, ya sea utilizando otras expresiones (sobre todo cuando nos quedábamos mirando entre nosotros pensando "no me entere ni de la mitad" ) o incluso con gestos que nos han facilitado la estancia aquí, personas tales como compañeros de trabajo, trabajadores del metro, trenes, guaguas y como no restaurantes como Macdonald´s…

Una de las ventajas de vivir un mes fuera reside en que nos llevamos con nosotros miles de anécdotas como; esa tarde de chicas en la que conseguimos ruborizar a profe y coordinador Carlos (Papá Pato) entrando en tiendas algo "indecentes", o esas risas en el metro al escuchar frases como “mind the gap” o “mind the step”, ya que era lo que más solían advertir a los pasajeros, sin olvidarnos de la forma en la que recordaremos Oxford Street, más conocida por nosotros como “Orfor de Garza”. Para no olvidarnos de nada, conservamos esas grandes fotos de todas las situaciones vividas en las que se puede constatar que éramos una piña, miradas cómplices cuando escuchábamos a alguien hablando en español, la manera de regatear en puestos para poder llevar algún detalle a esas personas que nos apoyan a diario. Lo cierto es que podría parecer cursi y exagerado, pero nos llevamos tantísimos momentos y aprendizajes que lo material deja de ser importante.

En mi caso particular, aunque creo que hablo por todos, hemos descubierto unas familias de acogida maravillosas, que nos han tratado como si fueran nuestros abuelos y padres de Las Palmas, también hemos descubierto a compañeros que nos han brindado sus hogares y aprendido varios idiomas aparte del inglés (cuando no sabes como se dice algo en inglés usamos el lenguaje de signos como recurso).

Para terminar, aunque estemos lejos de los nuestros podemos encontrar el hogar en otros lugares. Esta experiencia ha sido la más bonita de nuestras vidas porque con ella nos hemos dado cuenta de lo importante que es saber autogestionarse y ser una piña con personas que conocemos de poco, pero que sin querer se han convertido en nuestros grandes apoyos.

Gracias a esta experiencia veremos la vida de otra manera. Y es que con las personas indicadas todos los lugares se sienten como en casa.

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